ENRIQUE  DELGADO,  EL  ORIGEN  DE 
LA  GAMBA  DE  ORO

Al igual que comenzamos describiendo la historia de un inicio, es de ley comenzar esta historia con el creador y piedra angular de la misma. 

Enrique Delgado es un trabajador de los de toda la vida. Una de esas personas con las que merece la pena pasar un buen rato de tertulia, dejarle hablar y escuchar todo lo que tiene que contar, es experiencia viva del sector de la hostelería en Jaén, un visionario, que vio lo que nadie más en Jaén.

A lo largo de la conversación, y de forma constante, surgen palabras como“esfuerzo”,“sacrificio”,“dedicación” … Pero hay una expresión que cada vez que la pronuncia se le adivina un brillo en sus ojos, mezcla de nostalgia y orgullo que le delata.

Esa expresión es “mis clientes”.

Son “sus clientes” los que han marcado su vida.

“En algunos momentos, para mi mujer y para mí, el cliente estaba antes que nada” nos dice recordando a su esposa Carmen Machuca.

Tan importante eran “sus clientes” para Enrique que afirma que los llega a echar de menos y puede recordar a la mayoría con nombre y apellidos sin titubear.

«Muchos se hicieron buenos amigos y solían venir casi a diario para echar un rato de tertulia alrededor de unos chatos de vino”.

Con 10 años empezó a trabajar en el sector del pescado, preparando el hielo que su tía necesitaba en la pescadería. Cuando iba a por pescado a la costa, veía establecimientos donde la gente compraba marisco de buena calidad y a un precio razonable y empezó a soñar. Quería que Jaén tuviera uno de aquellos establecimientos.

En 1964 abrió la primera “Gamba de Oro”. Un local pequeño en la calle Espartería donde sólo se despachaba marisco que él iba a buscar a las lonjas casi cada día para que llegara fresco a sus clientes.

“Las cosas no eran fáciles. Había que viajar de noche para estar en las lonjas temprano y así comprar lo mejor que se pudiera y luego la vuelta. Mi mujer atendía el negocio mientras yo descansaba un rato y cuando llegaba la hora punta también atendía el mostrador. Con pocas horas de sueño, vuelta a empezar.¡Y ni las carreteras ni los coches que había son los de ahora!Ahora es un paseo, pero en aquellos años un viaje a Motril era un viaje como Dios manda”.

Al poco tiempo de empezar su andadura esos clientes, que ya empezaban a convertirse en amigos, les decían cuando iban al mostrador a comprar el marisco: “Enrique, si me pusieras una cervecica me comía esto aquí” y lo vieron claro. Hablaron con “El Alcázar” y empezaron a poner cerveza y a servir el marisco en el mostrador.

Como era lógico, el local se quedó pequeño y en 1968 se trasladan a su actual ubicación en la calle Nueva. Un local estrecho y largo que en muy poco tiempo se convirtió en lugar de reunión y visita obligada para los jiennenses de la capital y de toda la provincia.

Era habitual entrar al local y encontrar el suelo lleno de cáscaras de crustáceo y el constante ir y venir de los camareros con el escobón y el saco, esparciendo serrín para evitar los resbalones. Hoy puede parecer una barbaridad, pero los que recuerdan esos tiempos coinciden en señalar que eso también formaba parte del atractivo de “La Gamba de Oro”.

Llegó un momento en que el resto de los hosteleros hablaron con Enrique para pedirle que les abasteciera de producto y este trabajador incansable no deja pasar las oportunidades. Funda, en el Polígono de los Olivares “La Flor del Mar”, una empresa de distribución de pescado y marisco que atiende a los profesionales de la venta y al sector de la hostelería.

En 2015, por motivos personales el negocio tuvo que cerrar. Supuso un palo para Jaén y una espinita clavada en el corazón de la familia Delgado.

Se le borra la sonrisa cuando habla de Jaén. 

“Me duele Jaén. Yo he trabajado mucho por la ciudad, por elReal Jaén, por el comercio…por cualquier cosa que fuera buena para la ciudad. Ha habido aquí grandes empresarios, gente con buenas ideas y con muchas ganas, pero creo que los políticos nunca han estado a la altura de esos emprendedores y de los habitantes de Jaén. Jaén es muy grande y a algunos les ha venido grande. Yo quiero ver en Jaén una estación del AVE como la de Córdoba, buenos polígonos llenos de empresas ,grandes avenidas llenas de comercio, y me duele ver que no nos hacen caso”.

Enrique Delgado. Un hombre de manos recias por el trabajo duro, de mirada franca y a los ojos, de genio de empresario de toda la vida, de los de “al pan, pan y al vino, vino…y las gambas…de Oro”. Con las cejas levantadas para mirar mejor y seguir aprendiendo, sorprendiéndose con lo bueno, indignándose con lo que causa indignación. 

Hoy sigue pasando por “La Gamba de Oro” cada día para “echar un vistazo” y coincidir con algún amigo para recordar. Ya se lo toma con otra tranquilidad, pero sigue poniendo las cosas en su sitio “porque esto ha sido mi vida, es lo que mejor sé hacer y todo lo que he aprendido en estos 55 años quiero que lo aprenda mi hija”.

Enrique es el pasado de “La Gamba de Oro” porque los tiempos evolucionan y porque llega el momento de descansar y disfrutar del trabajo de toda una vida. Pero es un pasado que está muy presente, para Jaén, para sus clientes y sus amigos y para su familia que ha querido reabrir este negocio para seguir con el proyecto, la ilusión y el buen hacer de este gran jiennense.


UN  NUEVO  INICIO,  LA  MISMA  ESENCIA. 

La nueva andadura de “La Gamba de Oro” pretende mantener la filosofía de servicio y trabajo que inició Enrique Delgado y que ahora retoma su hija Carmen junto a su socio José Manuel González.

Para ellos ha sido un gran reto porque el listón estaba muy alto y la historia obliga respetar el legado que se les entregaba y la grandeza de una marca emblemática fue el objetivo desde el principio. Y el concepto sobre el que querían construir la nueva etapa era el de “mejora continua”.

No podíamos perder la esencia. Cuando empezamos a planificar la reapertura, la gente se mostró muy receptiva e ilusionada. No podíamos fallarles. Mantener lo que esperaban los clientes de toda la vida y sorprender a los que se acercan ahora a conocernos es lo que nos ha traído a esta actualizada Gamba de Oro después de un año. 
Ha sido un año muy intenso. La reforma integral de un gran espacio que se inició con la Tapería y el trabajo invertido, sin duda mereció la pena por la respuesta de la gente, de nuestros clientes, que fue fantástica desde el principio” 
Había que actualizar el concepto para adaptarlo a los nuevos tiempos, a los nuevos clientes y a las nuevas demandas del público” 

En segundo lugar, se remodeló la Cervecería-Marisquería. Un espacio luminoso y distendido donde se sigue con la filosofía de la Gamba de Oro: un buen producto, un buen servicio y un precio razonable para que se convierta en punto de encuentro para amigos o para disfrutar con la familia degustando los productos del mar en los que son especialistas.

El tercer espacio que se acometió fue el Restaurante. Un lugar algo más formal en el que la carta se amplía y que se convierte en el espacio perfecto para celebrar reuniones familiares, comidas de empresa, reuniones de negocios o cenas románticas en pareja.

Los tres espacios están comunicados, por lo que se puede disfrutar de lo que ofrecen los distintos ambientes sin renunciar a la variedad de oferta gastronómica que se plantea en cada uno de ellos. Diferenciar los distintos espacios consigue que se pueda poner a disposición del cliente un lugar en el que siempre se sienta cómodo sea cual sea la circunstancia o el motivo que lo haya llevado al establecimiento.

Y todo ello manteniendo una de las señas de identidad de “La Gamba de Oro”: la atención personal. 

“El negocio requiere muchas horas porque queremos recibir a los clientes como lo hacía mi padre. Él siempre dice que más que clientes a tenido amigos. Y queremos que siga siendo así, por lo que hay que estar siempre al pie del cañón para recibirlos, atenderlos, ofrecerles lo que sabemos que les gusta y conseguir que se sientan como en casa”
“La respuesta de la ciudad de Jaén y de la gente que viene de fuera y sigue recordando la marca ha acabado siendo el motor que nos motiva para seguir buscando la mejora continua. En sólo un año la familia de La Gamba de Oro se ha vuelto enorme y sigue creciendo cada día. Eso nos obligar a no bajar el listón”. (Carmen Delgado)

Una agradable terraza completa la oferta de este negocio que, totalmente renovado y actualizado promete seguir siendo referencia en el futuro.


RECUERDOS  DEL  PASADO. 

“De niño, cuando vivía en el pueblo, los viajes a Jaén eran toda una Aventura que siempre terminaba en La Gamba De Oro”

Paco, que vivió en Jimena hasta que se casó, lo recuerda con claridad: “Para comprar ropa o zapatos a principio de curso, para las visitas al médico para arreglar papeles. Cuando se presentaba el viaje a Jaén nos levantaban muy temprano, cogíamos el coche de línea y nada más montarnos, mi hermano y yo siempre hacíamos la misma pregunta: 

Papá, ¿Vamos a ir a comer gambas?

Una vez terminábamos lo que nos había traído a la capital, La Gamba de Oro era el destino. Ese día había refrescos extra. Recuerdo a mi padre enseñándome a pelar las gambas y a mi hermano chico con la boca abierta mirando hacia arriba, como los gorriones, esperando las que le pelaba mi madre. Mi padre pedía un trozo de mojama y lo iba comiendo poco a poco como si no quisiera que se acabara nunca. Luego tocaba correr por la Calle Navas de Tolosa porque se nos había ido el santo al cielo y perdíamos el coche de vuelta.

La Gamba de Oro forma parte de nuestros recuerdos de familia. Cuando volvió a abrir, hace ahora un año, llamé a mi hermano y quedamos para tomar una cerveza allí y recordar juntos a mis padres, que ya no están”.

La historia de Paco es la historia de miles de jiennenses para los que este negocio ha sido un referente. Historia viva de Jaén en una época donde el marisco sólo se comía en las bodas de postín y los días importantes en la Gamba de Oro.


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